miércoles, 4 de junio de 2014

En sueños he vivido cosas que tú ni te imaginas



Clara duerme en su casa.

La realidad se espesa en la cabeza del ama de casa. Se instala el sueño.

“¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he vivido muchas cosas que tú ni te imaginas”, confesó Clara cuando la fotógrafa la invitó a ir con ella a Londres.

Clara se transporta al estudio de Marina. Tiene cámara en mano y frente a ella está la mujer que ha sabido despertarle ansias que ni siquiera sospechaba. El estudio está desierto. Al fondo suena “Voulez vous coucher avec moi ce soir? Voulez vous coucher avec moi?”, (¿Quieres acostarte conmigo esta noche? ¿Quieres acostarte conmigo?), la inconfundible Lady Marmalade, la voluptuosa e insistente música que acompaña cada clic de la cámara en el estudio de Santa Teresa.





Los papeles están invertidos. Marina es la modelo y Clara es quien quiere retratar un cuerpo, un alma; hacerlos “decir” cosas que llevan muy dentro guardadas.

Marina lleva el vestido largo blanco, el mismo que lucía en la exposición donde primero se reconocieron las dos mujeres.



Clara dispara su cámara.. acomoda un mechón de cabello… busca ángulos que digan más…

“Marina, estás increíble frente a la cámara…” (Clara ya dijiste esa frase una vez…, no te cansas de repetirla.)

“Comienzo vistiendo a mis modelos y acabo desnudándolas”, explicó una vez Marina frente a Clara y Cadú.

Clic, clic. Los minutos vuelan… La coreografía entre fotógrafa y modelo lleva idéntico paso.




Clara quiere convertir a Marina de amada a amante.

Entonces, despierta y se encuentra en la cama matrimonial. Cadú está a su lado.

El ama de casa recuerda las palabras que dijo la fotógrafa: “Soñar no cuesta nada”.

Clara se obliga a dormir para poder seguir soñando.

Cae de nuevo en sueños y se zambulle al fondo de las cosas que antes hubiese querido vivir, pero no se atrevía.



Las dos mujeres están en una playa desierta. Marina se saca la parte de arriba del bikini y pide a Clara que le ponga bronceador. Las manos de Clara se adelantan y demoran en cada untada de la crema protectora. Las manos de Clara, la mente de Clara, las ansias de Clara se aquietan en los hombros, en el tatuaje de la nuca, en la comisura de los labios, en el talle del bikini de la fotógrafa. Clara se aprende de memoria los lunares de su amada, el perfecto arco de las cejas, el olor tan deseado…




Clara se empacha, pero no se sacia.

Marina es un animal de mar tendido a su lado. Se deja amar.

Y las dos mujeres se aman con amor urgente, con besos salados... dos olas que se encuentran sin decirse nada, dos enamoradas frente al mismo mar...

Clara y Marina están ávidas de mar, hambrientas la una de la otra, sedientas de amar-se.

Sus caricias locas se marcan en la arena, se derraman entre olas y caracolas, se dan…

Y les llega la noche.

Y las divisa la luna como dos burbujas que se vuelven una. Sus colas de sirena posadas una sobre otra, otra sobre una…, en la misma cuna, bajo la misma luna y ante el mismo mar (como dice la canción de Simone).





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