—¿Sabes qué estaba pensando? ¡Si voy
a Londres, vente conmigo! Un viaje por Europa… iremos a los museos, a los
restaurantes. ¿Qué te parece? —ofrece Marina mientras camina al lado de Clara.
—Díficil. Cadú, hijo, restaurante,
dinero… difícil —responde el ama de casa.
—No cuesta nada soñar, ¿verdad?
—¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he
vivido muchas cosas que tú ni te imaginas —dice Clara.
—Como en “Sueños”, la canción de Raúl “, en la que habla de que los sueños que se sueñan junto con la otra persona se vuelven realidad —dice Marina.
A Clara le encanta la idea… Envuelve a Marina con una
sonrisa plena y satisfecha… la toma de la mano y luego pasa el brazo sobre el
hombre de Marina atrayéndola hacia sí.
La fotógrafa está en plena sesión de
fotografía. El equipo hace un alto para tomarse un descanso y en eso aparece una
radiante Clara en la escena.
—¡Ey! —dice envolviendo a Marina en
un abrazo.
—¡Mira quién llegó! —exclama la
fotógrafa con todos los rayos del sol iluminándola por dentro y por fuera—. Se me
acabó el cansancio. De repente todo se mejoró. Se me fue el cansancio.
—Qué tiempo tan inoportuno el que tienes de
llegar —reclama irónicamente Vanessa.
—No aumentes tus exigencias porque
Clarita está aquí, ¿de acuerdo? —pide la fotógrafa.
—No, no voy a aumentar ninguna
exigencia, pero Marina tiene que esperar que termine la sesión —dice Vanessa.
—¿Puedes esperar un poquito? —pide
Marina, con toda la ilusión contenida en su rostro.
—No, eso no va a funcionar, mi madre
está afuera —se disculpa Clara— Tiene un compromiso cerca de aquí y va a llegar
tarde.
—¿Viste? —dice Marina dirigiéndose a Vanessa— no puede.
Aumenta tus exigencias…
—¿Y te vas a morir por eso?
—cuestiona la pelirroja.
—Sí, me puedo morir, morir de muerte
morida —dice graciosamente Marina.
—Mira, voy a regresar otro día —dice
Clara, con la felicidad pintada en cada uno de sus gestos— Estaba tan cerca que
no puede resistirme a venir sólo para venir a verte.
Marina está derretida: —¡Ah..! Lo
dejo todo por ti.
—No, no hagas eso —dice Clara, desmadejada
por la miel de las palabras de su amada—. Cuando estás trabajando es cuando te
ves más bonita.
Suena una bocina impaciente que hace
a Clara volver a la tierra.
—Está tocando la bocina —explica.
—No le digas a Cadú que vine, ¿de
acuerdo? —pide, en complicidad— Sólo para evitar que te implique más a ti.
Vuelvo pronto —agrega el ama de casa lanzando una lluvia de besos a la
fotógrafa.
—Mira, Clara —dice Marina mientras
toma un libro de la mesa—. Llévate este catálogo de una exhibición que hice en
Nueva York, tiene unas fotos que…
Al tomar el libro Clara se ensucia
las manos y Marina pregunta:
—¿Qué pasó? ¿Está sucio?
—Está bien, me voy a lavar—dice
Clara.
—Me gustaría mucho que lo vieras
—dice Marina, toda sonrisas.
Las dos mujeres derrochan intensidad
en la mirada. No dejan de clavarse los ojos… Se envuelven de arriba abajo con
la mirada… se bañan de luz con la mirada… dicen carretadas de amor esas
miradas. Se lanzan besos sonoros, los vuelven a lanzar.
—¿Quién derramó esa suciedad aquí?
—pregunta Marina.
—No me vuelvas a ver a mí —se excusa
Vanessa—. No tengo nada que ver con eso.
—¿Se dan cuenta? ¿Por qué la vida es
así? —cuestiona Marina—. Una mujer aburrida puede quedarse a mi alrededor, pero
la mujer que amo tiene que irse rápidamente. ¿Por qué? ¿Por qué todo tiene que
ser así?
Vanessa no soporta la declaración de
amor de Marina por su rival y explota:
—No, puedo tragarme esto. Voy a
buscar agua —dice, y se marcha.
Clara aparece en la cocina de la
casa de Marina. Se saca la alianza matrimonial y se lava las manos. Vanessa
encuentra al ama de casa y aprovecha la oportunidad para lanzarle todo su
arsenal balístico:
—Tienes que entender que tu amante
está en una situación completamente seria. Está llena de deudas. Si la cosa
empeora, puede perder todo esto. Lo peor es que no podemos tratar de seducir a
nuestros acreedores porque los hombres no están en nuestro equipo.
—Es una pena que suceda eso, pero yo
siempre trato de apoyar el trabajo de Marina —dice Clara y toma su bolso.
—Tú eres buena, Clara —dice
burlonamente Vanessa—, pero cuando llegas aquí, el aire se vuelve pesado.
Marina suspira, se vuelve toda sensible.
—Como toda gran artista, ¿verdad? De
todos modos, yo hago todo para que Marina se sienta bien.. siempre. Chao —dice
Clara, y se marcha olvidando su anillo matrimonial.
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