martes, 3 de junio de 2014

Vente conmigo a Londres (Recuento del capítulo 101)



—¿Sabes qué estaba pensando? ¡Si voy a Londres, vente conmigo! Un viaje por Europa… iremos a los museos, a los restaurantes. ¿Qué te parece? —ofrece Marina mientras camina al lado de Clara.

—Díficil. Cadú, hijo, restaurante, dinero… difícil —responde el ama de casa.
—No cuesta nada soñar, ¿verdad?
—¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he vivido muchas cosas que tú ni te imaginas —dice Clara.
—Como en “Sueños”, la canción de Raúl “, en la que habla de que los sueños que se sueñan junto con la otra persona se vuelven realidad —dice Marina.

A Clara le encanta la idea… Envuelve a Marina con una sonrisa plena y satisfecha… la toma de la mano y luego pasa el brazo sobre el hombre de Marina atrayéndola hacia sí.

La fotógrafa está en plena sesión de fotografía. El equipo hace un alto para tomarse un descanso y en eso aparece una radiante Clara en la escena.

—¡Ey! —dice envolviendo a Marina en un abrazo.
—¡Mira quién llegó! —exclama la fotógrafa con todos los rayos del sol iluminándola por dentro y por fuera—. Se me acabó el cansancio. De repente todo se mejoró. Se me fue el cansancio.



 —Qué tiempo tan inoportuno el que tienes de llegar —reclama irónicamente Vanessa.

—No aumentes tus exigencias porque Clarita está aquí, ¿de acuerdo? —pide la fotógrafa.

—No, no voy a aumentar ninguna exigencia, pero Marina tiene que esperar que termine la sesión —dice Vanessa.
—¿Puedes esperar un poquito? —pide Marina, con toda la ilusión contenida en su rostro.
—No, eso no va a funcionar, mi madre está afuera —se disculpa Clara— Tiene un compromiso cerca de aquí y va a llegar tarde.
—¿Viste? —dice  Marina dirigiéndose a Vanessa— no puede. Aumenta tus exigencias…
—¿Y te vas a morir por eso? —cuestiona la pelirroja.
—Sí, me puedo morir, morir de muerte morida —dice graciosamente Marina.
—Mira, voy a regresar otro día —dice Clara, con la felicidad pintada en cada uno de sus gestos— Estaba tan cerca que no puede resistirme a venir sólo para venir a verte.

Marina está derretida: —¡Ah..! Lo dejo todo por ti.

—No, no hagas eso —dice Clara, desmadejada por la miel de las palabras de su amada—. Cuando estás trabajando es cuando te ves más bonita.


Suena una bocina impaciente que hace a Clara volver a la tierra.
—Está tocando la bocina —explica.
—No le digas a Cadú que vine, ¿de acuerdo? —pide, en complicidad— Sólo para evitar que te implique más a ti. Vuelvo pronto —agrega el ama de casa lanzando una lluvia de besos a la fotógrafa.
—Mira, Clara —dice Marina mientras toma un libro de la mesa—. Llévate este catálogo de una exhibición que hice en Nueva York, tiene unas fotos que…

Al tomar el libro Clara se ensucia las manos y Marina pregunta:
—¿Qué pasó? ¿Está sucio?
—Está bien, me voy a lavar—dice Clara.
—Me gustaría mucho que lo vieras —dice Marina, toda sonrisas.

Las dos mujeres derrochan intensidad en la mirada. No dejan de clavarse los ojos… Se envuelven de arriba abajo con la mirada… se bañan de luz con la mirada… dicen carretadas de amor esas miradas. Se lanzan besos sonoros, los vuelven a lanzar.

—¿Quién derramó esa suciedad aquí? —pregunta Marina.
—No me vuelvas a ver a mí —se excusa Vanessa—. No tengo nada que ver con eso.
—¿Se dan cuenta? ¿Por qué la vida es así? —cuestiona Marina—. Una mujer aburrida puede quedarse a mi alrededor, pero la mujer que amo tiene que irse rápidamente. ¿Por qué? ¿Por qué todo tiene que ser así?

Vanessa no soporta la declaración de amor de Marina por su rival y explota:
—No, puedo tragarme esto. Voy a buscar agua —dice, y se marcha.

Clara aparece en la cocina de la casa de Marina. Se saca la alianza matrimonial y se lava las manos. Vanessa encuentra al ama de casa y aprovecha la oportunidad para lanzarle todo su arsenal balístico:

—Tienes que entender que tu amante está en una situación completamente seria. Está llena de deudas. Si la cosa empeora, puede perder todo esto. Lo peor es que no podemos tratar de seducir a nuestros acreedores porque los hombres no están en nuestro equipo.

—Es una pena que suceda eso, pero yo siempre trato de apoyar el trabajo de Marina —dice Clara y toma su bolso.
—Tú eres buena, Clara —dice burlonamente Vanessa—, pero cuando llegas aquí, el aire se vuelve pesado. Marina suspira, se vuelve toda sensible.
—Como toda gran artista, ¿verdad? De todos modos, yo hago todo para que Marina se sienta bien.. siempre. Chao —dice Clara, y se marcha olvidando su anillo matrimonial.

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