Clara y Marina conversan en la mesa de un restaurante.
—Sabes que te estoy sintiendo más suelta… más libre… no sé
—dice Marina.
—Yo sólo vivía para mi marido, mi hijo, padre, madre,
sobrinos, toda la familia… Ahora tengo más tiempo para mis propias cosas
—reflexiona el ama de casa.
Marina escucha atenta, pero no quiere perder el tiempo con más reflexiones o dudas y apresura una travesura...
Marina escucha atenta, pero no quiere perder el tiempo con más reflexiones o dudas y apresura una travesura...
Clara sigue hablando del tiempo que nos sacan las familias
y, de pronto, debajo de la mesa, siente algo que la sobresalta gratamente.
Los pies de Marina hablan… danzan una coreografía de roce y
de goce… (Sinceramente hubiese preferido ver el pie descalzo acariciador de Marina, más que las puntas de estos tacos, pero bueno...)
Apenas ha sido un mínimo toque, sólo ha sido un sutil “tierra
llamando a tierra”, pero lo suficiente para dejar al ama de casa toda erizada y lanzada a
surcar el vacío. “¿Qué ocurrirá si…”, logra la mujer intuir en sus adentros.
La mano de Clara se extiende…
La mano de Marina desciende lentamente como un pájaro que se
posa sobre la más leve flor…
El pecho de Marina se adelanta como una barca que llega al
puerto que llama su casa, un espacio seguro y franco...
El corazón se derrama por la boca de Marina…
—Te amo —dice, alada, terrena, deseosa…
Clara acepta esas dos palabras con una reverencia que la
lleva a cerrar todas sus válvulas y a dejarse a la espera...
—Te amo… mucho —repite
Marina, mordizqueándose el labio inferior.
Ese te amo de Marina lo envolvió todo,hasta el punto de rosar su voz los labios de CLARA y llevarla a cerrar sus ojos e imaginar los labios de Marina posados en sus labios...fue una escena completamente celestial!!!!
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