lunes, 9 de junio de 2014

Poesía con el pie izquierdo (escena del capítulo 108)



Clara y Marina conversan en la mesa de un restaurante.

—Sabes que te estoy sintiendo más suelta… más libre… no sé —dice Marina.

—Yo sólo vivía para mi marido, mi hijo, padre, madre, sobrinos, toda la familia… Ahora tengo más tiempo para mis propias cosas —reflexiona el ama de casa.

Marina escucha atenta, pero no quiere perder el tiempo con más reflexiones o dudas y apresura una travesura...

Clara sigue hablando del tiempo que nos sacan las familias y, de pronto, debajo de la mesa, siente algo que la sobresalta gratamente.



Los pies de Marina hablan… danzan una coreografía de roce y de goce… (Sinceramente hubiese preferido ver el pie descalzo acariciador de Marina, más que las puntas de estos tacos, pero bueno...)




Apenas ha sido un mínimo toque, sólo ha sido un sutil “tierra llamando a tierra”, pero lo suficiente para dejar al ama de casa toda erizada y lanzada a surcar el vacío. “¿Qué ocurrirá si…”, logra la mujer intuir en sus adentros.

La mano de Clara se extiende…


La mano de Marina desciende lentamente como un pájaro que se posa sobre la más leve flor…
Las manos se abrazan…


El pecho de Marina se adelanta como una barca que llega al puerto que llama su casa, un espacio seguro y franco...



El corazón se derrama por la boca de Marina…


—Te amo —dice, alada, terrena, deseosa…

Clara acepta esas dos palabras con una reverencia que la lleva a cerrar todas sus válvulas y a dejarse a la espera...


—Te amo…  mucho —repite Marina, mordizqueándose el labio inferior.




sábado, 7 de junio de 2014

Flashback (Just the Way you Look Tonight)

Baile de Clara y Marina (Clarina) 

(haz clic sobre el vínculo para visualizar el video)


Versión del baile de Clara y Marina (Clarina) junto con una ficción basada en la historia de la pareja. 

viernes, 6 de junio de 2014

Mi tonto corazón


VIDEO FANFIC

A Marina le gusta la música del tiempo del compositor Cole Porter. Por eso hemos ficcionado un video con música de esa época gloriosa.

Tema musical "My foolish heart", interpretado por Rod Stewart (Música de Victor Young, letra de Ned Washington, 1949).

miércoles, 4 de junio de 2014

En sueños he vivido cosas que tú ni te imaginas



Clara duerme en su casa.

La realidad se espesa en la cabeza del ama de casa. Se instala el sueño.

“¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he vivido muchas cosas que tú ni te imaginas”, confesó Clara cuando la fotógrafa la invitó a ir con ella a Londres.

Clara se transporta al estudio de Marina. Tiene cámara en mano y frente a ella está la mujer que ha sabido despertarle ansias que ni siquiera sospechaba. El estudio está desierto. Al fondo suena “Voulez vous coucher avec moi ce soir? Voulez vous coucher avec moi?”, (¿Quieres acostarte conmigo esta noche? ¿Quieres acostarte conmigo?), la inconfundible Lady Marmalade, la voluptuosa e insistente música que acompaña cada clic de la cámara en el estudio de Santa Teresa.





Los papeles están invertidos. Marina es la modelo y Clara es quien quiere retratar un cuerpo, un alma; hacerlos “decir” cosas que llevan muy dentro guardadas.

Marina lleva el vestido largo blanco, el mismo que lucía en la exposición donde primero se reconocieron las dos mujeres.



Clara dispara su cámara.. acomoda un mechón de cabello… busca ángulos que digan más…

“Marina, estás increíble frente a la cámara…” (Clara ya dijiste esa frase una vez…, no te cansas de repetirla.)

“Comienzo vistiendo a mis modelos y acabo desnudándolas”, explicó una vez Marina frente a Clara y Cadú.

Clic, clic. Los minutos vuelan… La coreografía entre fotógrafa y modelo lleva idéntico paso.




Clara quiere convertir a Marina de amada a amante.

Entonces, despierta y se encuentra en la cama matrimonial. Cadú está a su lado.

El ama de casa recuerda las palabras que dijo la fotógrafa: “Soñar no cuesta nada”.

Clara se obliga a dormir para poder seguir soñando.

Cae de nuevo en sueños y se zambulle al fondo de las cosas que antes hubiese querido vivir, pero no se atrevía.



Las dos mujeres están en una playa desierta. Marina se saca la parte de arriba del bikini y pide a Clara que le ponga bronceador. Las manos de Clara se adelantan y demoran en cada untada de la crema protectora. Las manos de Clara, la mente de Clara, las ansias de Clara se aquietan en los hombros, en el tatuaje de la nuca, en la comisura de los labios, en el talle del bikini de la fotógrafa. Clara se aprende de memoria los lunares de su amada, el perfecto arco de las cejas, el olor tan deseado…




Clara se empacha, pero no se sacia.

Marina es un animal de mar tendido a su lado. Se deja amar.

Y las dos mujeres se aman con amor urgente, con besos salados... dos olas que se encuentran sin decirse nada, dos enamoradas frente al mismo mar...

Clara y Marina están ávidas de mar, hambrientas la una de la otra, sedientas de amar-se.

Sus caricias locas se marcan en la arena, se derraman entre olas y caracolas, se dan…

Y les llega la noche.

Y las divisa la luna como dos burbujas que se vuelven una. Sus colas de sirena posadas una sobre otra, otra sobre una…, en la misma cuna, bajo la misma luna y ante el mismo mar (como dice la canción de Simone).





(Capítulo siguiente)

(Capítulo anterior)



**Reproducción autorizada siempre y cuando se cite esta fuente.**

martes, 3 de junio de 2014

Vente conmigo a Londres (Recuento del capítulo 101)



—¿Sabes qué estaba pensando? ¡Si voy a Londres, vente conmigo! Un viaje por Europa… iremos a los museos, a los restaurantes. ¿Qué te parece? —ofrece Marina mientras camina al lado de Clara.

—Díficil. Cadú, hijo, restaurante, dinero… difícil —responde el ama de casa.
—No cuesta nada soñar, ¿verdad?
—¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he vivido muchas cosas que tú ni te imaginas —dice Clara.
—Como en “Sueños”, la canción de Raúl “, en la que habla de que los sueños que se sueñan junto con la otra persona se vuelven realidad —dice Marina.

A Clara le encanta la idea… Envuelve a Marina con una sonrisa plena y satisfecha… la toma de la mano y luego pasa el brazo sobre el hombre de Marina atrayéndola hacia sí.

La fotógrafa está en plena sesión de fotografía. El equipo hace un alto para tomarse un descanso y en eso aparece una radiante Clara en la escena.

—¡Ey! —dice envolviendo a Marina en un abrazo.
—¡Mira quién llegó! —exclama la fotógrafa con todos los rayos del sol iluminándola por dentro y por fuera—. Se me acabó el cansancio. De repente todo se mejoró. Se me fue el cansancio.



 —Qué tiempo tan inoportuno el que tienes de llegar —reclama irónicamente Vanessa.

—No aumentes tus exigencias porque Clarita está aquí, ¿de acuerdo? —pide la fotógrafa.

—No, no voy a aumentar ninguna exigencia, pero Marina tiene que esperar que termine la sesión —dice Vanessa.
—¿Puedes esperar un poquito? —pide Marina, con toda la ilusión contenida en su rostro.
—No, eso no va a funcionar, mi madre está afuera —se disculpa Clara— Tiene un compromiso cerca de aquí y va a llegar tarde.
—¿Viste? —dice  Marina dirigiéndose a Vanessa— no puede. Aumenta tus exigencias…
—¿Y te vas a morir por eso? —cuestiona la pelirroja.
—Sí, me puedo morir, morir de muerte morida —dice graciosamente Marina.
—Mira, voy a regresar otro día —dice Clara, con la felicidad pintada en cada uno de sus gestos— Estaba tan cerca que no puede resistirme a venir sólo para venir a verte.

Marina está derretida: —¡Ah..! Lo dejo todo por ti.

—No, no hagas eso —dice Clara, desmadejada por la miel de las palabras de su amada—. Cuando estás trabajando es cuando te ves más bonita.


Suena una bocina impaciente que hace a Clara volver a la tierra.
—Está tocando la bocina —explica.
—No le digas a Cadú que vine, ¿de acuerdo? —pide, en complicidad— Sólo para evitar que te implique más a ti. Vuelvo pronto —agrega el ama de casa lanzando una lluvia de besos a la fotógrafa.
—Mira, Clara —dice Marina mientras toma un libro de la mesa—. Llévate este catálogo de una exhibición que hice en Nueva York, tiene unas fotos que…

Al tomar el libro Clara se ensucia las manos y Marina pregunta:
—¿Qué pasó? ¿Está sucio?
—Está bien, me voy a lavar—dice Clara.
—Me gustaría mucho que lo vieras —dice Marina, toda sonrisas.

Las dos mujeres derrochan intensidad en la mirada. No dejan de clavarse los ojos… Se envuelven de arriba abajo con la mirada… se bañan de luz con la mirada… dicen carretadas de amor esas miradas. Se lanzan besos sonoros, los vuelven a lanzar.

—¿Quién derramó esa suciedad aquí? —pregunta Marina.
—No me vuelvas a ver a mí —se excusa Vanessa—. No tengo nada que ver con eso.
—¿Se dan cuenta? ¿Por qué la vida es así? —cuestiona Marina—. Una mujer aburrida puede quedarse a mi alrededor, pero la mujer que amo tiene que irse rápidamente. ¿Por qué? ¿Por qué todo tiene que ser así?

Vanessa no soporta la declaración de amor de Marina por su rival y explota:
—No, puedo tragarme esto. Voy a buscar agua —dice, y se marcha.

Clara aparece en la cocina de la casa de Marina. Se saca la alianza matrimonial y se lava las manos. Vanessa encuentra al ama de casa y aprovecha la oportunidad para lanzarle todo su arsenal balístico:

—Tienes que entender que tu amante está en una situación completamente seria. Está llena de deudas. Si la cosa empeora, puede perder todo esto. Lo peor es que no podemos tratar de seducir a nuestros acreedores porque los hombres no están en nuestro equipo.

—Es una pena que suceda eso, pero yo siempre trato de apoyar el trabajo de Marina —dice Clara y toma su bolso.
—Tú eres buena, Clara —dice burlonamente Vanessa—, pero cuando llegas aquí, el aire se vuelve pesado. Marina suspira, se vuelve toda sensible.
—Como toda gran artista, ¿verdad? De todos modos, yo hago todo para que Marina se sienta bien.. siempre. Chao —dice Clara, y se marcha olvidando su anillo matrimonial.

lunes, 2 de junio de 2014

La fiesta de Giselle (Recuento del capítulo 100)


Marina y Vanessa beben unos copetines y comentan el periódico.

—¡Modestia aparte la foto de Shirley es un escándalo¡ ¡Me atrevo a decir que es una de las mejores de mi carrera! —dice Marina.
—De las mejores, no podría decir periódico —asegura Vanessa—, pero es una de las que te ha rendido fruto más rápidamente. El teléfono no deja de sonar, sólo por esa nota en el periódico.

—¿Quién diría que Shirley me iba a sacar del aprieto! Estoy con la semana prácticamente llena de trabajo —dice aliviada y contenta la fotógrafa.

En casa de Giselle, la cumpleañera da la bienvenida a Clara, a la madre de ésta y a Ricardo. Clara no puede aguantar sus ganas y pregunta, los ojos, el gesto ansiosos:

—Gente, ¿Marina no ha llegado todavía?

—Todavía no, pero debe estar por llegar pronto —responde Giselle con complicidad.

Al ratico, entra el trío de Marina, Vanessa y Flavinha. Marina trae un regalo. La cumpleañera empieza abrirlo, las recién llegadas se ríen porque Vanessa dice que el contenido del regalo no es apto para ser abierto en público. Giselle está revisando el paquete cuando tanto Clara como Marina se desprenden del grupo en el que están…


La una y la otra se han divisado a lo lejos. Corren a encontrarse. Se abrazan.

—¡Tardaste mucho! —se queja Clara.
—Con tres mujeres siempre pasa lo mismo —dice Marina.
—Y tú aquí, ¿me extrañaste? —continúa pícaramente la fotógrafa.
Clara: ¿Realmente quieres que te responda?
Marina: ¡Sí! Me encanta que digas que piensas en mí, que me echas de menos, que soy importante para ti...
Clara: Bueno, si te hace sentir bien entonces... Contesto todas tus preguntas: Sí, pienso en ti. Sí, te echaba de menos. Y, sí, eres muy importante para mí.

A Marina le falta el aire de la alegría que le provoca la contestación.
La pareja salta a la pista de baile. (Lastimosamente, es un pieza en la que bailan sueltas. Hay mucha gente alrededor, lo entendemos.)

Marina: ¿No tenes ni idea de lo que se me está pasando por la cabeza ahora?
Clara se lleva las manos a la boca y divertida hace al gesto de abofetear a Marina: ¡No, no!¡Compórtate!
Marina: ¿Yo tengo que comportarme? —sigue Marina en son de broma. Luego niega agitando las manos: —Comportada es un adjetivo que no va conmigo, Clara. Pero no me avengüenza decirlo . ¿Sabes por qué? Sólo me pasan cosas lindas por la cabeza cuando te veo.
Las dos mujeres transpiran felicidad pura. Es solo el hecho de estar juntas… contemplarse.
Clara: Entonces, ¡de acuerdo! ¡Habla sin censura! ¿Qué está tramando tu mente fértil?
—¿Realmente quieres saber?
—Sí.
—Bueno lo voy a hacer —dice seductora la fotógrafa y acerca su rostro al de su asistente y le habla quedito al oído. Clara complacida con lo que escucha lanza quejidos de felicidad cuasi-orgásmicos.


La madre del ama de casa las observa con cara de “me cuesta tragarme esto, pero yo no soy prejuiciosa”.
Branca también ve a la pareja y dice malintencionadamente a su rival:
—Linda pareja, ¿verdad? Para aquellos que aprecian ese tipo de relación, por supuesto.
—Disculpa, no estaba prestando atención. ¿Qué decías? —dice la madre de Clara.

La charla entre las dos continúa con Branca escupiendo homofobia y Chica defendiendo a su hija.

—Mi hija ya ha resuelto qué hacer con esta situación. Ella es una persona que tiene los pies bien puestos en la tierra. Y yo no tengo ninguna razón para cuestionar su elección si ella es feliz así, ¿verdad? —agrega Chica—. ¿Qué mejor regalo hay que ver a los hijos felices? Amar nunca está demás. (Bravísimo, Chica. Así se habla.)

Marina y Clara están en una mesa juntas y la fotógrafa lanza una de esas sus frases matadoras, tipo “Posa para mi”, “Baila conmigo”:

—¿Te puedo invitar?
—Um, si es que regresemos a la pista de baile, no. No, estoy muerta, necesito una cama —dice Clara. (Creo que Marina ya tenía preparada la segunda parte de su proposición, pero al escuchar la palabra “cama” de los labios de Clara, indidudblemente eso la habrá decidido a ir directo al grano):

—Vente conmigo hoy.

Sudan pasión las miradas con la que se bañan la una a la otra.
—Pasemos la noche juntas —continúa Marina.
—No puedo —dice Clara, pero es sólo su boca la que niega. Marina sabe leer ese lenguaje de señas y cuestiona:
—¿No puedes o no quieres?
—No debo —dice Clara—. Tengo casa, marido, hijo. No puedo actuar como una adolescente.
—¡Te la cobras muy caro! —recrimina sutilmente la fotógrafa— Vivamos esta historia. Sigue tu corazón.
—¡Ay mi corazón —dice Clara—. Mi corazón es un pozo de dudas e inseguridad.

Derrotada Marina apoya su cabeza sobre el hombro de Clara. Entonces llegan Vanessa y Flavinha echando baldazos de agua fría sobre las dos.
—Vámonos, Marina —dice Vanessa—.Tú, Clara, ¿no es tiempo de que te vayas para tu casa a cuidar a tu marido enfermo?


—Mi marido no está enfermó —riposta Clara.
—Bueno entonces, gente, vamos —sigue Vanessa.
—Váyanse adelante —sugiere Marina— Eh, tú no naciste pegada a mí.
—Dios mío —se queja la pelirroja—. Me voy a tomar otro trago. Aquí no tienen buen humor.

Clara y Marina siguen hallando la felicidad en las cosas más chiquitas y se carcajean del arranque de la asistente.

Al día siguente Clara le cuenta al marido lo animada que estuvo en la fiesta y lo bien que se la pasó. El marido pregunta quién llegó al convivio y al saber que estuvo su rival desata la pelea.


—¡Como si tú no estuvieras con Marina en el galpón un día sí y el otro también! —se queja.
—Ya vas a comenzar —dice Clara— Una se encuentra con sus amigas, ¿no?
—Sí, si ser amigas fuese el único espacio que Marina ocupa —dice hiriente el esposo.
—Cadú, si estás bien para ofenderme, también estás bien para oírme —dice el ama de casa, poniendo todo su amor como el más poderoso escudo—. El espacio que Marina ocupa en mi vida lo decido yo. Ni más ni menos. Y déjame recordarte que fuiste tú quien me empujó a ir a la fiesta con mi madre... Respétame.

El marido se queda sin habla sopesando el alcance de la sombra proyectada por su rival…