martes, 3 de junio de 2014

Vente conmigo a Londres (Recuento del capítulo 101)



—¿Sabes qué estaba pensando? ¡Si voy a Londres, vente conmigo! Un viaje por Europa… iremos a los museos, a los restaurantes. ¿Qué te parece? —ofrece Marina mientras camina al lado de Clara.

—Díficil. Cadú, hijo, restaurante, dinero… difícil —responde el ama de casa.
—No cuesta nada soñar, ¿verdad?
—¿Sabes que soñando yo fui a muchos lugares? ¿eh? Soñando he vivido muchas cosas que tú ni te imaginas —dice Clara.
—Como en “Sueños”, la canción de Raúl “, en la que habla de que los sueños que se sueñan junto con la otra persona se vuelven realidad —dice Marina.

A Clara le encanta la idea… Envuelve a Marina con una sonrisa plena y satisfecha… la toma de la mano y luego pasa el brazo sobre el hombre de Marina atrayéndola hacia sí.

La fotógrafa está en plena sesión de fotografía. El equipo hace un alto para tomarse un descanso y en eso aparece una radiante Clara en la escena.

—¡Ey! —dice envolviendo a Marina en un abrazo.
—¡Mira quién llegó! —exclama la fotógrafa con todos los rayos del sol iluminándola por dentro y por fuera—. Se me acabó el cansancio. De repente todo se mejoró. Se me fue el cansancio.



 —Qué tiempo tan inoportuno el que tienes de llegar —reclama irónicamente Vanessa.

—No aumentes tus exigencias porque Clarita está aquí, ¿de acuerdo? —pide la fotógrafa.

—No, no voy a aumentar ninguna exigencia, pero Marina tiene que esperar que termine la sesión —dice Vanessa.
—¿Puedes esperar un poquito? —pide Marina, con toda la ilusión contenida en su rostro.
—No, eso no va a funcionar, mi madre está afuera —se disculpa Clara— Tiene un compromiso cerca de aquí y va a llegar tarde.
—¿Viste? —dice  Marina dirigiéndose a Vanessa— no puede. Aumenta tus exigencias…
—¿Y te vas a morir por eso? —cuestiona la pelirroja.
—Sí, me puedo morir, morir de muerte morida —dice graciosamente Marina.
—Mira, voy a regresar otro día —dice Clara, con la felicidad pintada en cada uno de sus gestos— Estaba tan cerca que no puede resistirme a venir sólo para venir a verte.

Marina está derretida: —¡Ah..! Lo dejo todo por ti.

—No, no hagas eso —dice Clara, desmadejada por la miel de las palabras de su amada—. Cuando estás trabajando es cuando te ves más bonita.


Suena una bocina impaciente que hace a Clara volver a la tierra.
—Está tocando la bocina —explica.
—No le digas a Cadú que vine, ¿de acuerdo? —pide, en complicidad— Sólo para evitar que te implique más a ti. Vuelvo pronto —agrega el ama de casa lanzando una lluvia de besos a la fotógrafa.
—Mira, Clara —dice Marina mientras toma un libro de la mesa—. Llévate este catálogo de una exhibición que hice en Nueva York, tiene unas fotos que…

Al tomar el libro Clara se ensucia las manos y Marina pregunta:
—¿Qué pasó? ¿Está sucio?
—Está bien, me voy a lavar—dice Clara.
—Me gustaría mucho que lo vieras —dice Marina, toda sonrisas.

Las dos mujeres derrochan intensidad en la mirada. No dejan de clavarse los ojos… Se envuelven de arriba abajo con la mirada… se bañan de luz con la mirada… dicen carretadas de amor esas miradas. Se lanzan besos sonoros, los vuelven a lanzar.

—¿Quién derramó esa suciedad aquí? —pregunta Marina.
—No me vuelvas a ver a mí —se excusa Vanessa—. No tengo nada que ver con eso.
—¿Se dan cuenta? ¿Por qué la vida es así? —cuestiona Marina—. Una mujer aburrida puede quedarse a mi alrededor, pero la mujer que amo tiene que irse rápidamente. ¿Por qué? ¿Por qué todo tiene que ser así?

Vanessa no soporta la declaración de amor de Marina por su rival y explota:
—No, puedo tragarme esto. Voy a buscar agua —dice, y se marcha.

Clara aparece en la cocina de la casa de Marina. Se saca la alianza matrimonial y se lava las manos. Vanessa encuentra al ama de casa y aprovecha la oportunidad para lanzarle todo su arsenal balístico:

—Tienes que entender que tu amante está en una situación completamente seria. Está llena de deudas. Si la cosa empeora, puede perder todo esto. Lo peor es que no podemos tratar de seducir a nuestros acreedores porque los hombres no están en nuestro equipo.

—Es una pena que suceda eso, pero yo siempre trato de apoyar el trabajo de Marina —dice Clara y toma su bolso.
—Tú eres buena, Clara —dice burlonamente Vanessa—, pero cuando llegas aquí, el aire se vuelve pesado. Marina suspira, se vuelve toda sensible.
—Como toda gran artista, ¿verdad? De todos modos, yo hago todo para que Marina se sienta bien.. siempre. Chao —dice Clara, y se marcha olvidando su anillo matrimonial.

lunes, 2 de junio de 2014

La fiesta de Giselle (Recuento del capítulo 100)


Marina y Vanessa beben unos copetines y comentan el periódico.

—¡Modestia aparte la foto de Shirley es un escándalo¡ ¡Me atrevo a decir que es una de las mejores de mi carrera! —dice Marina.
—De las mejores, no podría decir periódico —asegura Vanessa—, pero es una de las que te ha rendido fruto más rápidamente. El teléfono no deja de sonar, sólo por esa nota en el periódico.

—¿Quién diría que Shirley me iba a sacar del aprieto! Estoy con la semana prácticamente llena de trabajo —dice aliviada y contenta la fotógrafa.

En casa de Giselle, la cumpleañera da la bienvenida a Clara, a la madre de ésta y a Ricardo. Clara no puede aguantar sus ganas y pregunta, los ojos, el gesto ansiosos:

—Gente, ¿Marina no ha llegado todavía?

—Todavía no, pero debe estar por llegar pronto —responde Giselle con complicidad.

Al ratico, entra el trío de Marina, Vanessa y Flavinha. Marina trae un regalo. La cumpleañera empieza abrirlo, las recién llegadas se ríen porque Vanessa dice que el contenido del regalo no es apto para ser abierto en público. Giselle está revisando el paquete cuando tanto Clara como Marina se desprenden del grupo en el que están…


La una y la otra se han divisado a lo lejos. Corren a encontrarse. Se abrazan.

—¡Tardaste mucho! —se queja Clara.
—Con tres mujeres siempre pasa lo mismo —dice Marina.
—Y tú aquí, ¿me extrañaste? —continúa pícaramente la fotógrafa.
Clara: ¿Realmente quieres que te responda?
Marina: ¡Sí! Me encanta que digas que piensas en mí, que me echas de menos, que soy importante para ti...
Clara: Bueno, si te hace sentir bien entonces... Contesto todas tus preguntas: Sí, pienso en ti. Sí, te echaba de menos. Y, sí, eres muy importante para mí.

A Marina le falta el aire de la alegría que le provoca la contestación.
La pareja salta a la pista de baile. (Lastimosamente, es un pieza en la que bailan sueltas. Hay mucha gente alrededor, lo entendemos.)

Marina: ¿No tenes ni idea de lo que se me está pasando por la cabeza ahora?
Clara se lleva las manos a la boca y divertida hace al gesto de abofetear a Marina: ¡No, no!¡Compórtate!
Marina: ¿Yo tengo que comportarme? —sigue Marina en son de broma. Luego niega agitando las manos: —Comportada es un adjetivo que no va conmigo, Clara. Pero no me avengüenza decirlo . ¿Sabes por qué? Sólo me pasan cosas lindas por la cabeza cuando te veo.
Las dos mujeres transpiran felicidad pura. Es solo el hecho de estar juntas… contemplarse.
Clara: Entonces, ¡de acuerdo! ¡Habla sin censura! ¿Qué está tramando tu mente fértil?
—¿Realmente quieres saber?
—Sí.
—Bueno lo voy a hacer —dice seductora la fotógrafa y acerca su rostro al de su asistente y le habla quedito al oído. Clara complacida con lo que escucha lanza quejidos de felicidad cuasi-orgásmicos.


La madre del ama de casa las observa con cara de “me cuesta tragarme esto, pero yo no soy prejuiciosa”.
Branca también ve a la pareja y dice malintencionadamente a su rival:
—Linda pareja, ¿verdad? Para aquellos que aprecian ese tipo de relación, por supuesto.
—Disculpa, no estaba prestando atención. ¿Qué decías? —dice la madre de Clara.

La charla entre las dos continúa con Branca escupiendo homofobia y Chica defendiendo a su hija.

—Mi hija ya ha resuelto qué hacer con esta situación. Ella es una persona que tiene los pies bien puestos en la tierra. Y yo no tengo ninguna razón para cuestionar su elección si ella es feliz así, ¿verdad? —agrega Chica—. ¿Qué mejor regalo hay que ver a los hijos felices? Amar nunca está demás. (Bravísimo, Chica. Así se habla.)

Marina y Clara están en una mesa juntas y la fotógrafa lanza una de esas sus frases matadoras, tipo “Posa para mi”, “Baila conmigo”:

—¿Te puedo invitar?
—Um, si es que regresemos a la pista de baile, no. No, estoy muerta, necesito una cama —dice Clara. (Creo que Marina ya tenía preparada la segunda parte de su proposición, pero al escuchar la palabra “cama” de los labios de Clara, indidudblemente eso la habrá decidido a ir directo al grano):

—Vente conmigo hoy.

Sudan pasión las miradas con la que se bañan la una a la otra.
—Pasemos la noche juntas —continúa Marina.
—No puedo —dice Clara, pero es sólo su boca la que niega. Marina sabe leer ese lenguaje de señas y cuestiona:
—¿No puedes o no quieres?
—No debo —dice Clara—. Tengo casa, marido, hijo. No puedo actuar como una adolescente.
—¡Te la cobras muy caro! —recrimina sutilmente la fotógrafa— Vivamos esta historia. Sigue tu corazón.
—¡Ay mi corazón —dice Clara—. Mi corazón es un pozo de dudas e inseguridad.

Derrotada Marina apoya su cabeza sobre el hombro de Clara. Entonces llegan Vanessa y Flavinha echando baldazos de agua fría sobre las dos.
—Vámonos, Marina —dice Vanessa—.Tú, Clara, ¿no es tiempo de que te vayas para tu casa a cuidar a tu marido enfermo?


—Mi marido no está enfermó —riposta Clara.
—Bueno entonces, gente, vamos —sigue Vanessa.
—Váyanse adelante —sugiere Marina— Eh, tú no naciste pegada a mí.
—Dios mío —se queja la pelirroja—. Me voy a tomar otro trago. Aquí no tienen buen humor.

Clara y Marina siguen hallando la felicidad en las cosas más chiquitas y se carcajean del arranque de la asistente.

Al día siguente Clara le cuenta al marido lo animada que estuvo en la fiesta y lo bien que se la pasó. El marido pregunta quién llegó al convivio y al saber que estuvo su rival desata la pelea.


—¡Como si tú no estuvieras con Marina en el galpón un día sí y el otro también! —se queja.
—Ya vas a comenzar —dice Clara— Una se encuentra con sus amigas, ¿no?
—Sí, si ser amigas fuese el único espacio que Marina ocupa —dice hiriente el esposo.
—Cadú, si estás bien para ofenderme, también estás bien para oírme —dice el ama de casa, poniendo todo su amor como el más poderoso escudo—. El espacio que Marina ocupa en mi vida lo decido yo. Ni más ni menos. Y déjame recordarte que fuiste tú quien me empujó a ir a la fiesta con mi madre... Respétame.

El marido se queda sin habla sopesando el alcance de la sombra proyectada por su rival…

martes, 27 de mayo de 2014

Monólogo de Clara


Clara sale tambaleando del estudio de Marina. Se arranca de su lado. Se amputa del cuerpo de la fotógrafa. De otra forma sería imposible no quedarse.

Todo le duele al dejarla. Todo le duele al tener que dejar de amarla, de demostrarle la fuerza del ansia que la arrebata. Le duelen las manos porque no la siguen tocando, le duelen los ojos porque su imagen se le ha borrado. Pero tiene que huir, tiene que e-s-c-a-p-a-r. Marina, Marina…




Clara sube a su yip y pasea por Leblon. Sus pensamientos vuelan más rápido que su corazón.

“Juliana me dice que chute el balde, que abandone todo y corra a los brazos de Marina. Mi corazón, mi piel entera grita lo mismo.

Yo quisiera correr hacia ti, pero tengo que dar pasos de bebé, Marina. Tengo.

Yo, tú lo sabes, ya te lo dije, Marina, soy una ama de casa, una mujercita casera. Con llevar mi casa estaba feliz, con lucir feliz estaba feliz. Pero llegaste tú y poco a poco me fuiste mostrando otro lado de mí que yo no me sabía. Una yo que era yo, pero también una perfecta desconocida. ¿Recuerdas en tu piscina? Te dije que yo quería una felicidad que me diera alegría. A tu lado cada uno de mis poros son felices...

Pero está Cadú, está Iván… está todo lo que digo mío desde hace años.

Yo no quiero ser la mala de la película. ¡No! Yo soy una mujer sencilla, pero quiero ser feliz.

Cadú es el padre de mi hijo. Siempre ha sido un irresponsable, pero es el padre de mi hijo. No le duran los trabajos, pero es el hombre que amo. ¿Lo sigo amando?

El amor tiene que ir acompañado de otras cosas para que una sea feliz. Cadú me quiere sólo para él. Cuando nos hicimos novios, me dijo que quería casarse para tener una mujercita que le llevara el desayuno a la cama.

Nos quisimos mucho. Es cierto. Cadú es bueno, es simple. Ahora con el galpón se está poniendo las pilas. Ese es su sueño… Pero, ¿cuál es el mío?

Yo no quiero ser conformista. Tengo a Marina frente a mí. Es una realidad a la que tengo que enfrentarme. Marina es lo que estoy sintiendo. Marina está en mis noches y en mis días. No puedo dejar de un lado lo que estoy sintiendo.

Marina llegó a mi vida y no pude, no me salió evitar su seducción. Marina entró en mí como entra el mar a la playa, a veces suave, a veces con insistencia, con una paciencia sabia y apasionada. Es tan intensa Marina. Prendió una llamita dentro de mí. Ahora es un fuego que me abrasa.




Cadú sintió que yo estaba cambiando. Sintió que yo ya no lo veía igual, que mis ojos no se encendían al verlo. Los ojos de Marina, la boca de Marina, la personalidad de Marina me tomaban de la mano y me empujaban a su lado, y yo me dejaba ir… yo quería ir…

¡Luego Cadú se enferma! No sé cómo, pero Cadú se enferma. Y yo dejo de lado a Marina por cuidarlo a él. ¡Pongo toda mi vida a un lado por cuidar de él!

Cadú se enoja cuando busco a Marina. Además de ser la mujer que amo, Marina es mi amiga. Cadú se enoja porque no estoy llevando el galpón como él quisiera. No considera todo lo que estoy haciendo por él. Nunca me ha dado un elogio por todo lo que he estado haciendo en el galpón por él, por cumplir sus sueños.

Me parece injusto que Cadú me reclame. Me parece injusto que no reconozca que he dejado toda mi vida de lado para ayudarlo a él.

Tal vez son ideas mías, locuras mías, pero he visto el interés de Verónica por Cadú. He visto el interés de Silvia por él. Cadú es un conquistador. Le encanta encantar. No sé, inconscientemente, he estado contemplando la idea de que una de ellas se gane el corazón de Cadú… que él también se interese y se enamore de una de ellas... Así no sería yo la que rompa nuestro matrimonio.

Yo no quiero ser la mala de la película. No quiero que me juzquen por “romper mi matrimonio”.

Santa Daniela Mercury bendita*, ¡ayúdame!

Cadú…

Iván… ¿No te querría yo más a ti si yo fuera feliz? ¿No me querrías más, Iván, si yo fuera feliz?

Marina…, traté de evitarte, Traté de olvidarme de todo lo que me hace recordarte. Traté de no amarte, pero me miro en el espejo y no me reconozco; no me reconozco más… sólo te veo a ti.



Marina… son pasos de bebé lo que voy dando hacia ti…, espérame…, no tengo otro lugar adonde ir sino hacia ti."


*Famosa cantante brasileña que se divorció de su marido y se casó con una mujer.



(Capítulo siguiente)

(Capítulo anterior)



Reproducción autorizada siempre y cuando se cite esta fuente.


lunes, 26 de mayo de 2014

Enséñame a alcanzar el cielo


 —Baila conmigo —invita Marina.



Las manos se encuentran. Brotan chispas. Mas sólo las dos mujeres las perciben. Son chispas que suben y bajan por la espalda y les electrizan todo el cuerpo.


Marina envuelve a Clara con una mirada que la traspasa con voluptuosa reverencia.


La luz es tenue. Suena una música que les abre ventanas y tiende escaleras. Los cuerpos se aproximan… Se enlazan.


Marina abraza. Entre sus brazos tiene el objeto de un deseo larga y pacientemente anhelado.


Las manos de la fotógrafa suben y bajan suave y sinuosamente. Aprietan…


Marina se acurruca. Se acomoda al cuerpo de Clara. Sus cabezas se unen. Toda Marina se pega, se amolda. Suspira. Baila abrazada a su amada. Está despierta y sus sueños se están cumpliendo…


Marina aspira hondamente. Saborea el cuello al que apenas roza, aunque idolatre y quisiera meter bajo su piel.


Marina rodea a Clara por la espalda... La amó de frente. La busca ahora de espaldas.


Clara siente todo el peso de la seducción que Marina ejerce sobre ella. ¿Se dejará ir?


—Es cierto, Marina. Todo tu cuerpo tiene ese olor que ya un día percibí y deseé —reconoce.


Las fuerzas no sostienen a Clara. ¿Dónde está su resistencia? … ¿Dónde han quedado sus amarras?


¡Qué fácil es descubrirse!


¡Comprender al fin lo natural que es todo de lo que ha estado huyendo!


Y ahora es Clara quien toma entre sus manos toda la entrega de Marina.


Clara suspira. Gime. ¿Es así cuando se es feliz?


Los cuerpos de las dos mujeres apenas empiezan a conocerse… Pero ya se saben… Las miradas bastan… La piel no precisa de palabras…


Marina empuja su seducción y aplasta su cuerpo contra el de Clara, que ya ha bajado todas las defensas y espera anhelante…


—Este es un anticipo del cielo —susurran las mujeres.


Y en las sombras se devoran en un beso goloso y febril…

sábado, 24 de mayo de 2014

Un beso para construir un sueño



Ficción basada en el deseadísimo y esperado beso entre Clara y Marina.









El baile de Marina y Clara


Este es el flashback en el que Clara recuerda su baile con Marina al ritmo de la canción “The way you look tonight” (letra de Dorothy Fields, música de de Jerome Kern). Nosotras respetamos toda la magia y fuerza de la escena, pero le pusimos un poco de nuestra cosecha y sazón.






Capítulo que Maneco guarda en su gaveta (El amor es cosa de dos – avivemos su llama)

Marina se entera por fin de su penoso estado financiero y se siente desesperar. Vanessa le dice que todo se debe a que la fotógrafa no quiere trabajar por ir tras Clara. La discusión se acalora. Vanessa se enoja y se marcha furiosa a casa de Flavinha.

La noche avanza.  Flavinha aprovecha un momento de distracción de Vanessa para llamar a Clara y contarle lo angustiada que está la jefa:

—Marina te necesita. Apóyala, Clara.

Clara aprovecha que Cadú e Iván ya duermen y se escabulle a Santa Teresa. Se detiene en el camino a comprar flores y una botella de champaña.

Marina permanece a oscuras y sola en el estudio. Oye ruidos en la casa y dice alzando la voz:

—No entres por favor —pide, creyendo que es Vanessa—. Quiero estar sola.

Clara entra en silencio y halla a Marina sentada de espaldas sobre la alfombra. Clara la rodea por detrás en un abrazo largo y apretado. Inmediatamente, toda Marina se tensa como venada a la espera. El cuerpo en punta, queriendo descifrar todo a su alrededor, la cabeza ladeada adivinando qué ocurre...

La fotógrafa reconoce al instante el olor y el cuerpo de su amada. Se le ilumina la cara. La sangre se le avalancha.

Clara le susurra tiernamente al oído:

—¡Baila conmigo! Baila conmigo la misma canción que bailamos antes y que te gusta tanto. Yo también adoro esa melodía ahora.

Marina se pone de pie. Tiembla de la emoción y apenas logra devolver el abrazo. Toca, acaricia el rostro de Clara. Lo contempla extasiada.

— Baila conmigo —repite insinuante el ama de casa, mientras las dos mujeres se estrechan en un cuerpo a cuerpo entregado.


Marina está sin habla. Corre nerviosamente hacia el aparato de sonido.

En penumbras comienza la melodía que ya una vez las unió y que sabe el paso y la pasión contenida de las mujeres.

Marina quiere preguntar.  Tiene tanto que preguntar. “ ¿Te quedas conmigo esta noche? ¿Dejas que te ame? ¿Reconoces que me amas? ¿Lo sabes? ¿Lo sientes?”. Pero calla.

Clara abre la champaña. Brindan. La copa de Marina en la boca de Clara. La copa de Clara en los labios de Marina.

—¡Por nosotras!

Las dos mojan sus labios con el espumante. Los ojos en los ojos. Los ojos de ambas recorriéndose. Bajando a la boca, subiendo a la frente, bajando… Sonrientes las dos… nerviosas… ansiosas…

Marina pone su copa en la mesa y suavemente aparta la copa de los labios de Clara.

—Bebe champaña de mis labios —invita.

Poco a poco Marina se va recobrando de la inesperada visita y empieza a llevar la situación hacia donde la llama, quemante, el deseo.

El pecho de Clara se acelera. La sangre borbotea en sus venas, golpeándose contra cada parte de su cuerpo como los rápidos de un río. Clara quiere lo mismo que Marina.

Las enormes olas del mar que es Marina no han cesado de llegar hasta el muro con el que se ha rodeado Clara. Van… vuelven… van… vuelven… Van…

Clara quiere lo mismo que Marina pero se resiste. Pone tierra de por medio:

—Vamos a bañarnos a la piscina. Siempre he tenido envidia cuando veo a Vanessa bañándose contigo. Quiero volver a vivir aquella primera vez que me invitaste aquí.

La luna está alta. La noche es una melodía insinuadora.

Clara se saca la ropa y se zambulle a la piscina. Marina también se desnuda y se lanza en picada tras ella.

Debajo del agua Clara y Marina se persiguen y se alcanzan… Extienden las manos, se ven a las caras, se enlazan. Las bocas se llaman y se encuentran. Es un camino por el que nunca habían caminado juntas, pero por el que tantas veces ambas habían soñado despiertas andar, correr, retozar...

Suben a la superficie como dos delfinas amigas y amantes. Se ríen felices…saciándose la una de la otra. Saciéndose pero buscando más.

Salen de la piscina y corren abrazadas al cuarto de Marina. Van sonámbulas… Van borrachas…

Suben a la habitación de Marina. Se duchan juntas. Y siguen besándose desaforadas… Sienten el agua caer por sus cuerpos largos y adorados. Sienten el deseo correr por sus cuerpos presentes y expectantes.

Se perfuman.

Clara aspira insaciable todo el aroma de mujer de Marina, una mujer que se le brinda y quiere mostrarle un camino por el que ella también quiere dejarse ir. ¡Un camino juntas!

Saltan a la cama.

—Déjame peinarte como me peinaste tú en la isla —pide Clara.

—Deja que te tome fotos con los ojos —susurra Marina—. Posa para mí. Déjame que te ame con toda el alma, con toda la piel, de mujer a mujer, con todas las ansias que he venido juntando piedra sobre piedra, flor sobre flor. Te he visto a veces tan inalcanzable… ¡Y ahora estás aquí acurrucadita a mí!!

Las mujeres van… vuelven… van… vuelven… dándolo todo de sí. Amándose así. Bebiéndose sin fin.

La noche es de ellas y para ellas. Han cruzado el puente que lleva al otro lado del amor y no quieren volver…

—¿Lo ves? ¿Lo adivinas? Esta llama que tengo aquí en el pecho no la pude apagar — susurra gozosa Clara.

Las enormes olas del mar que es Marina continúan llegando hasta las costas del cuerpo de Clara. Y ahora la inundan suavemente. La lamen… Van… vuelven… van… vuelven… Van…

Los rayos del sol comienzan a colarse por las ventanas y las dos mujeres siguen recorriendo la ruta de su amor. Exaltadas. Recuperando el tiempo que han dejado de ser ellas y para ellas.

Se duermen al fin cobijadas la una con la otra.

La hora de empezar las sesiones de foto en el estudio ha llegado. Vanessa sube a la habitación de Marina con la idea de hacer las paces con la fotógrafa y las encuentra en la cama. Clara es una “C “abrazada a las espaldas de Marina.



(Reproducción autorizada siempre y cuando se cite esta fuente.)